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Un fenómeno muy común en los Casinos es “el jugador habitual”. Pero ¿qué pasa cuando hay muchos jugadores habituales? ¿Qué características adquiere la relación entre ellos?
Al igual que cualquier lugar al que uno asiste con frecuencia, por ejemplo un bar o un club, en los Casino existe un grupo de gente que se convierte en asiduo. Generalmente, esta gente no va en grupo al Casino pero, como consecuencia de la gran frecuencia con que asiste, comienza a pertenecer a un grupo, el grupo de los habituales.Existen ciertos códigos a la hora de jugar. Una de sus cláusulas indica que no hay amistad que valga. Es decir, uno puede jugar contra su mejor amigo pero eso no significa que será indulgente a la hora de la contienda. Con el “Club de los habituales” pasa lo mismo: es interesante observarlos, todos en la misma mesa, se saludan amigables pero, durante el juego, cada uno está por su cuenta.
Pero ¿qué sucede cuando entra alguien de afuera? Alguien que no es “habitual”. En ese momento, los “habituales” unen sus fuerzas y juegan callando su pertenencia hasta que el intruso es saqueado y debe abandonar la mesa. Luego, todo vuelve a la normalidad.
Al igual que en la guerra, cuando aparece una amenaza externa las distintas partes se juntan para hacerle frente.