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No hace muchos años se ha desatado una fiebre sobre el póker. Un juego que ha pasado de jugarse en la clandestinidad de un sótano a la luz de una computadora. Esto definitivamente supone una revolución en la concepción del póker que puedan llegar a tener las generaciones futuras. El prejuicio del póker como un juego para vagos o completamente ilegal está dando paso a lo que se llama desde mucho siempre “el jugador de póker profesional”.
Uno de los cambios importantes para la explosión de esta fiebre de póker ha sido el internet. Cuántas industrias se han visto influenciadas por el internet. Hoy tenemos el comercio electrónico y cuántas páginas web de compra y venta por internet. El resultado de esto ha sido el desinhibirse. En otras palabras, la gente ha dejado de tener vergüenza porque en la sala de tu casa, frente a tu computadora, nadie te ve (aunque por otro lado todo el mundo se puede enterar a qué le das click).
Esta paradoja ha contribuido a que más y más personas se animan a comenzar un juego de póker. Sobre todo los que lo hacen por primera vez están encantados con la posibilidad de no pasar vergüenza frente a los amigos y probar suerte online. Otras de las formas en las que el póker ha entrado a nuestras casas es la televisión. En Dinamarca, por ejemplo, la cantidad de torneos que se transmiten por televisión es increíble.
Las personas están tan familiarizadas con el póker que buscan conocer más y se sabe que en este país las bibliotecas son abarrotadas por personas que buscan libros sobre póker.
Según algunas estadísticas las apuestas de póker a través de internet alcanzan la cifra de 191 millones de dólares en un lapso de 24 horas.
Esto es simplemente impresionante. Al exponer la oferta a todo el público (incluso a ese que tal vez nunca vaya a un casino tradicional) la industria del póker ha logrado crecer más rápido incluso que la capacidad de los estados para regular los juegos de azar. Tal es la inversión y tal el crecimiento imparable del póker que a pesar de que algunos países están prohibiendo las transacciones (por ejemplo, los Estados Unidos con al UIGEA) la respuesta de las empresas ha sido trasladarse a lugares donde la legalidad está a la orden del día.
La inversión que supone esto demuestra que el crecimiento del póker es imparable. En conclusión, hoy en día prohibir el póker online es arcaico y va contra toda lógica de mercado. Solamente en el 2008 las salas online ganaron más de 5 800 millones de dólares. Desde todo punto de vista es absurdo prohibir una industria así. Los países tendrán que ceder y sonreír cuando les llegue la recaudación de impuestos derivada de los juegos de azar online.