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Tal vez nadie se ha detenido a pensar sobre una particularidad de la Ruleta: la elección de sus colores. No creo que sea casualidad que se trate del Rojo y del Negro ya que estos colores dicen mucho más de lo que parece a simple vista.
Podría pensarse al Rojo y al Negro como colores opuestos, pero a la vez complementarios.
El Rojo remite a la sangre, a la pasión. Y la pasión, en el juego, en la guerra, en el amor, es un sentimiento extremo pero siempre relacionado con lo vital. El Negro, por el contrario, es un color que suele estar identificado con la Muerte. Representa la total ausencia de luz y es el color que viste La Parca.
Por lo tanto, en la Ruleta se encuentran siempre presentes, y en pugna, la vida y la muerte. Dos opuestos que, a la vez, podrían pensarse como complementarios, dos caras de la misma moneda.
También, esta oposición podría identificarse con lo que experimenta el jugador mientras rueda la bola. Él también está en pugna: puede ganar mucho, pero también puede perderlo todo. En los segundos en que la bola tarda en ubicarse en un número, la adrenalina que experimenta el jugador lo hace fluctuar entre esos dos extremos.
Esta oposición es justamente la que está presente en el Casino en su totalidad como lugar de lo extremo: se puede pasar de la vida a la muerte, pero nunca mantenerse neutral. En el Casino, no hay lugar para lo puro: el color Blanco no existe.