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En el póker como en varias disciplinas y deportes interviene mucho la psicología, la propia, la del juego y la del oponente. La psicología propia es esa que aplicamos al jugar, descontando la actitud que le pondremos al juego, es algo que va de la mano con esa actitud que es tan importante, es la visión externa que nosotros tenemos del juego, la forma en que vemos al póker, como lo sentimos, y como nos sentimos al jugarlo.
Es muy sabido que no todos sienten el póker de la misma manera, y de eso depende mucho el comportamiento dentro del juego, es por eso que antes de empezar a jugar en una mesa de póker, sería bueno plantearnos como sentimos el póker.
La psicología del oponente es tan igual de importante que la nuestra, el oponente es una persona totalmente independiente a nosotros, y por tanto va a ver y a sentir el juego de distinta manera que nosotros. Todos los jugadores al recibir una mano de póker, tienden a sentir algo, algunos expertos pueden recibir una par de ases o un 2 y un 3, y va parecer que les tocó la misma mano, obviamente que no lo son.
Pero el control que tienen de hermetizar sus emociones es tal, que nadie da cuenta de ello. Observar al oponente para traducir sus movimientos para con el juego puede ser una buena estrategia, es muy usual en los jugadores de póker profesionales, un tic, un movimiento de más, un gesto, cualquier cosa puede ser clave para el póker.