![]()
En esta cuarta entrega hablaremos sobre un tema muy importante. El jugador siempre debe estar seguro en sus decisiones, pero esta seguridad puede llevarnos a una sensación errada de control. La ilusión de control en los juegos de azar suele ser muy peligroso porque nos resta concentración en el juego.
Ilusión de control
La ilusión de que tenemos el control sobre sucesos aleatorios hace que nos comportemos sin la concentración debida. Varios estudios han dado con esta realidad y han confirmado que muchos jugadores son presa de esta ilusión y que incluso tienen actitudes específicas que lo demuestran. Por ejemplo, un jugador de dados pensando en obtener números bajos lanza los dados suavemente, mientras que esperando números altos los lanzará más fuertes.
Este es uno más de los sesgos cognitivos que son propios de los jugadores de juegos de azar. Por otro lado, podemos determinar qué situaciones permiten que se cree en la persona esta ilusión de control. Por ejemplo, situaciones donde interviene la elección, la familiaridad de los estímulos y respuestas, la competición y la participación activa o pasiva como la concentración y la atención. Es decir, si una persona puede elegir los números de la lotería tendrá más confianza en ganar que si no pudiera elegirlos.
En conclusión, el que sea una persona la que tira los dados o sea otra no cambia el hecho de que no tenemos el control sobre eso y que el azar gobierna las probabilidades. La ilusión de poder tener más control sobre un juego de azar es peligroso y nos resta posibilidades reales de salir victoriosos y de divertirnos.
![]()
En esta oportunidad describiremos dos tipos de falacias sobre las apuestas. Ambas son contrarias entre sí y demuestran lo que debemos evitar: sacar conclusiones rápidas y creer que son estadísticamente válidas. Como jugadores es necesario que evitemos este tipo de falacias, aunque, como se verá, son tan comunes que es imposible que no nos haya ocurrido alguna vez.
Falacia 1
En el primer caso, un jugador frente a una ruleta podría decidir apostarle al rojo luego de una racha de negros. Según esta estrategia de apuesta se cree que la posibilidad de que algo suceda aumenta en la medida en que la racha de un suceso contrario aumenta. Es decir, si en la ruleta el negro se encuentra en racha, un jugador, atendiendo a esta falacia, apostará al rojo creyendo que la probabilidad del rojo ha aumentado. De ninguna manera se puede afirmar que, si un número ha venido saliendo una determinada cantidad de veces, en algún momento deba dejar de salir para que aparezca otro o su contrario.
Falacia 2
En este segundo caso, la lógica se presenta al revés: si es el color rojo el que está predominando en la ruleta, entonces se apuesta por el rojo. La estrategia se basa en la creencia de que si un número está saliendo varias veces esto se mantendrá, por lo que seguirá saliendo el mismo número. La falacia aquí está dada por el hecho de que a partir de una muestra relativamente pequeña se pretende detectar una constante.
![]()
En la primera parte de esta serie de artículos vimos cómo algunos procesos psicológicos intervienen directamente en nuestra manera de jugar y/o de apostar. En esta oportunidad veremos que existe una concepción errónea del azar. Esto puede ser bastante sutil pero, sin embargo, muy común.
La concepción errónea del azar tiene su base en algo que en principio puede ser verdad. Es decir, el azar depende en parte del instrumento que utilicemos. Por ejemplo, si lanzamos un dado o usamos una moneda, las series de resultados que nos generen podrán ser aleatoriamente distintos. Sin embargo, aún así se presupone que existen ciertos patrones irregulares en el azar.
Volvamos al ejemplo de la moneda. Si lanzamos una moneda y tenemos una secuencia de CXCXXC (donde X es cruz y C casa) pensamos que puede representar más aletoriedad que una secuencia como CCCCXC. Es decir, esta última secuencia nos parece demasiado estructurada para deberse al puro azar.
Lo cierto es que pensar que la última secuencia es menos azarosa que la primera no es del todo irracional pero sí puede convertirse en un sesgo psicológico en el momento en que sobreponemos esta misma lógica a secuencias más pequeñas o más grandes. Es aquí donde está la concepción errónea del azar: la percepción de que estamos ante una secuencia no tan azarosa depende directamente de la longitud de la misma.
Para finalizar, podemos ver cómo esta concepción es aplicada a la lotería. La mayoría de personas pensarán que al comprar los números de una lotería lo correcto es dar una serie de números que den la apariencia de aletoriedad. Por lo tanto, erróneamente se pensará que los números repetitivos (ej. 999) no son productos del azar.