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Como bien es sabido, el farol constituye un elemento que imprime dinámica a las diferentes partidas de póker en todas sus modalidades además de ser contundente con respecto a las ganancias o pérdidas de los jugadores dentro del transcurso del juego.
Existen dos categorías básicas para llevar a cabo un farol que corresponden básicamente a la frecuencia con que se hacen y son:
• Farol cuando existen más cartas por recibir, es decir, aquellos que se presentan en los momentos iniciales de las partidas por lo que deberían nombrarse como semi-faroles; aunque con respecto a esta modalidad, bien saben los jugadores, que las probabilidades de que las subidas sean las mejores son casi nulas como también las posibilidades de ganar sabiendo que aún faltan cartas por recibir.
La razón básica para llevar a cabo los semi-faroles es buscar mantener atentos a los integrantes del juego (a la expectativa).
Algunos de los momentos en que un semi-farol puede ganar son:
1. Si su adversario abandona la partida de manera inmediata.
2. si éste abandona después de arrojar una carta de alarma.
3. si se logra la mejor mano posible con las cartas recibidas hasta el momento.
• Farol cuando ya sean recibido la gran mayoría de las cartas, por lo que en esta ocasión se denominan “faroles puros”. En este caso el jugador debe tener varias precauciones, ya que debe evitar ejecutar un farol si existe la posibilidad de que su adversario iguale las apuestas y suprima de esta manera las probabilidades de bote.
De lo contrario, el adversario puede llegar, incluso a abandonar muchas veces la partida, de modo tal que ello se convierta en mayores lucros para el realizador de los faroles.